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Ambientes de innovación y declive de las ciudades

Autor: Parque de Innovacion

Las ciudades de hoy tienen que ser más competitivas según los parámetros de la sociedad del conocimiento. Para hacerlo, deben ser atractivos para las personas del exterior y para el capital de riesgo conectados a la nueva economía.
Por Francisco Saboya (*)
2 de marzo de 2021

Uno de los efectos secundarios de la pandemia en los negocios de la economía digital es la hipermovilidad del capital humano. Para las empresas y lugares más frágiles, esto tiene otro nombre: fuga de cerebros. Más que un problema restringido sólo a empresas con capacidad reducida para retener a sus mejores talentos, el fenómeno debilita las ciudades. Especialmente aquellos en una etapa intermedia de desarrollo, que se caracterizan, por un lado, por tener una buena base de formación académica y, por otro, por una menor demanda de capital humano creativo debido al bajo dinamismo y tradicionalismo de su tejido productivo.
Es como si estas ciudades se convirtieran involuntariamente en plataformas para lanzar talentos a otros lugares, beneficiándose poco o casi nada del potencial de generar riqueza de este activo en la nueva economía. Soportan la carga de la formación, pero no se benefician de ninguna bonificación. Y lo que es peor: en esta segunda ola de fuga de cerebros, el cerebro se va y el cuerpo se queda, dejando que las ciudades observen impotentes su declive con la solución literalmente a mano. Este es un hueso duro de roer.
El problema no es nuevo, y su enfrentamiento desde hace décadas ha sido la creación de parques tecnológicos y mecanismos que promuevan nuevos negocios innovadores, como aceleradores, incubadoras, espacios de coworking, espacios de creadores, entre otros. Estos ecosistemas de innovación son espacios de formulación, articulación e implementación de políticas de desarrollo de largo plazo para promover nuevas dinámicas productivas intensivas en conocimiento e innovación. Trasplantando el concepto a la práctica, son plataformas para el lanzamiento de negocios competitivos a escala global, ayudando a las ciudades a reemplazar los paradigmas seculares de las ventajas de ubicación basados, por ejemplo, en los recursos naturales o en la posición estratégica con fines logísticos o de defensa militar.
Las ciudades de hoy tienen que ser más competitivas según los parámetros de la sociedad del conocimiento. Para hacer esto, deben ser atractivas para personas del exterior y para el capital de riesgo conectados a la nueva economía. Más eficientes para la población, con mejores servicios e infraestructura urbana y, como consecuencia, más capaces de retener talentos creativos. Más socialmente justo, más inclusivo, más participativo, más democrático. Y, por supuesto, más amigable con las empresas innovadoras. Como la dispersión de factores no ayuda en este esfuerzo, los ecosistemas de innovación se han convertido en el punto focal de esta estrategia debido a su capacidad única para concentrar activos críticos como infraestructura y servicios tecnológicos de alto valor agregado, generar múltiples interacciones entre personas y empresas, estimular los flujos de conocimiento.
Si damos por sentado que el capital humano es el único que crea soluciones originales a problemas relevantes, el éxito de un ambiente de innovación descansa esencialmente en su capacidad para generar, atraer y retener los mejores talentos creativos, siendo el resto casi una consecuencia. Al poner el coronavirus en movimiento, la crisis de salud reveló que el aislamiento no era solo una imposición. Fue un descubrimiento: podemos producir más y mejor de forma remota para una cantidad apreciable de actividades. Es un hecho que el territorio toca mucho más que cualquier instancia virtual. Pero la realidad se ha vuelto mucho más híbrida. Al mismo tiempo, la creación sigue siendo un esfuerzo colectivo. De esta forma, el significado literal de fijar el capital humano ha adquirido otro significado: las personas pueden trabajar desde cualquier lugar, mientras trabajen por su lugar, por su ciudad: entonces tenemos que conservar la inteligencia. Los entornos de innovación necesitan asimilar esta nueva realidad y reconfigurarse para que sigan siendo palancas del desarrollo local.
Cualquier esfuerzo de reconfiguración debe partir de dos vectores. La primera, la necesidad de intensificar las interacciones humanas, sin las cuales el proceso de creación de valor a través del intercambio de conocimientos entre talentos pierde poder; el segundo, el reconocimiento de la imposibilidad de mantener el mismo estándar de trabajo en oficinas que antes, lo que se traduce en un creciente vaciado de los espacios físicos.
Cruzando estos dos vectores, las discusiones llevadas a cabo en ANPROTEC – Asociación Nacional de Entidades Promotoras de Empresas Innovadoras – han señalado dos alternativas no excluyentes. Se trata de la conversión de espacios en convivencias, que son viviendas compartidas con infraestructuras de trabajo y servicios comunes, para ser ocupadas por jóvenes emprendedores, startups y trabajadores de empresas en estos entornos de innovación. La otra idea es la fragmentación de los parques tecnológicos y su rearticulación en diferentes puntos de la ciudad, creando el concepto de parque en red, cuyos nodos tendrían infraestructuras y servicios comunes y serían compartidos por los actores que los integran de acuerdo a su conveniencia. La sede actual de estos parques sería el nodo central, la columna vertebral de parques interconectados, gestión de viviendas y servicios de mayor complejidad.
Así, los modelos híbridos ganarían otra connotación, con ganancias para ciudades, empresas y trabajadores.

(*) El autor es Presidente de la Asociación Nacional de Entidades Promotoras de Emprendimientos Innovadores (Anprotec) de Brasil y Superintendente del Servicio Brasilero de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae) en Pernambuco. Por 11 años, ocupó el cargo de Director-Presidente de Porto Digital, uno de los principales Parques Tecnológicos de Brasil.

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