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El poder de las economías de aglomeración: clusters y parques tecnológicos

Autor: Parque de Innovacion

¿Cuál es la mejor manera de generar desarrollo económico? ¿Qué tipo de ambientes son lo más propicios para el crecimiento de las empresas y la innovación? Estas preguntas han generado un enorme debate entre investigadores, gobiernos y empresarios –y en las sociedades en general.

En el último tiempo, desde el sector académico comenzó a ponerse el foco en el desarrollo a nivel regional y la importancia de la ubicación geográfica para la generación de innovación. Por un lado, comenzó a ponerse en evidencia que la riqueza y el crecimiento que antes se atribuía a naciones enteras eran usualmente generados en zonas geográficas específicas; en particular, el crecimiento de zonas como Silicon Valley en EEUU o Yokohama en Japón generaron una gran curiosidad e impulsaron estos estudios. Por otro lado, fenómenos como el auge de la urbanización –en particular del crecimiento de ciudades grandes- despertaron la necesidad de explorar más en profundidad las dinámicas del sector productivo en entornos urbanos.

Otro factor determinante en este viraje tuvo que ver con la irrupción de las TICs (tecnologías de la información y las comunicaciones) y el fin de la energía barata –alrededor de la década del 70- que obligaron a las empresas a volverse más competitivas, y ya no sólo a nivel local sino globalmente. Esto contribuyó en gran medida a la creación de un nuevo esquema de economías basadas en el conocimiento. Dicho esquema, donde la innovación resulta central, llevó a repensar las políticas públicas para su impulso. Las dos líneas argumentativas más fuertes apuntaban a las economías de urbanización y a las economías de aglomeración como las más indicadas. Aunque las primeras veían las ciudades como la organización productiva óptima, mientras que los segundos se inclinaban por los clusters, ambos enfoques se combinaron posteriormente, abogando por políticas que pensaran el desarrollo productivo desde las ciudades en general a la vez que impulsando clústers dentro de ellas.

Ambos enfoques tienen algo en común: la relevancia de la aglomeración y la cercanía geográfica entre actores, ya que permite un mayor flujo de conocimientos y el aumento de la colaboración entre las entidades. La innovación, que requiere necesariamente de interacciones sólidas, no es “placeless” sino que ocurre en determinadas ambientes o espacios que reúnen ciertas condiciones que la fomentan; algunas de ellas son, por ejemplo, seguridad jurídica, infraestructuras de calidad, acceso a financiamiento, apoyo a la propiedad intelectual, calidad de recursos humanos, apoyo y articulaciones público-privado, etc. Que esto suceda es más probable en zonas de aglomeración, es decir, de concentración espacial de gente o actividad económica dentro de una zona geográfica limitada.

Dentro de las externalidades positivas que genera la aglomeración, se destacan los derrames de conocimiento. Por sus características, el conocimiento se acumula y se transfiere más fácilmente por las interacciones entre actores e instituciones cercanos. Por ello, y por el mayor acceso a mano de obra calificada y proveedores especializados que genera la aglomeración, la innovación también se introduce más rápidamente en la cercanía. En este sentido, se produce un fenómeno conocido como “distance decay”, que implica que dichas interacciones entre dos puntos geográficos disminuyan a medida se alejan. Aún en la era de internet, donde las distancias se acortan, la proximidad sigue siendo esencial para generar un ambiente más interactivo y propicio para promover la innovación y el consecuente desarrollo que genera.

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Parques tecnológicos y clusters: ¿son lo mismo? El caso del Parque de Innovación

Si bien ambos términos -Parque Tecnológico y cluster- suelen utilizarse como términos intercambiables, no son ciertamente lo mismo; así ocurre por ejemplo con los espacios donde se desarrolla el sector TIC en nuestro país, donde ambos términos parecen utilizarse indistintamente, en especial cuando se habla de “polos”.

La diferencia reside en que, en definitiva, un Parque Tecnológico va más allá de la generación de clusters específicos sino que implica un diseño e implementación que no sólo los incluye sino que busca que se generen dinámicas enriquecerdoras entre ellos así como en otra gran cantidad de actores internos y externos. Tal fue la concepción del Parque de Innovación de la Ciudad de Buenos Aires, un futuro Parque Tecnológico, que contendrá, entre otros actores e instituciones como universidades, centros de i+d, espacios de coworking, etc., a una serie de clusters, convocados e implantados consciente y planificadamente y con cierta coordinación y andamiaje organizacional. Esto no quita que en el PI se produzcan otros clusters de nacimiento espontáneo o con el correr del tiempo se transformen los originales.

Desde el PI buscamos generar clusters donde actores del sector empresarial, emprendedores, la universidad y el sector académico en general, y también instituciones públicas -entre otros-, pueden interactuar y así potenciarse. Con un enfoque de cuádruple hélice, buscamos también que la ciudadanía tenga una participación activa en él. El objetivo del Parque de Innovación no se trata solo de juntar o sumar empresas, la participación de instituciones del conocimiento, de la investigación, de la tecnología sino de generar una articulación virtuosa y sinérgica entre ellos, que es, en definitiva, lo que hace la diferencia.

 

Fuentes:

D. Foray, The Economics of Knowledge, 2004.

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